De la limpieza de alfombras a la aspiradora de hoy en día

La limpieza de cualquier espacio habitado, bien sea este el hogar o el lugar de trabajo, es una tarea importante. Conseguir un entorno de calidad proporciona una serie de beneficios para la salud de las personas pero también es una forma de mejorar la productividad si se trata de una empresa y facilita la organización familiar en el caso del hogar, y se proyecta una imagen positiva.

El papel que juega la aspiradora en lograr un ambiente familiar y laboral más beneficioso es clave. Los equipos para el mantenimiento en oficinas, universidades y colegios son más robustas y muchas veces no utilizan bolsa para retener el polvo, sino que lo depositan en un contenedor para luego vaciar este contenedor a la basura. Muy similar a los modelos que ya están instaurados en el mercado.

No fue hasta finales del siglo XIX, que se empezó a idear una forma de limpiar las alfombras de una manera más eficiente. Por entonces todavía los trapeadores y cepillos para alfombras eran las únicas herramientas con las que se contaba para tratar de mantener limpio el ambiente de estos lugares.

El primer aparato apareció en 1869, desarrollado por la Compañía Americana Limpiadoras de Alfombras, un artefacto que debía transportarse en carro. Las aspiradoras anteriores al uso de la electricidad poseían unos fuelles que eran accionados a mano o mediante los pies, lo que obligaba a que al menos dos personas tuvieran que maniobrarla, pues una tenía que atender al fuelle y otra aplicaba la boquilla al suelo.

Algunos nombres como el del inglés G. Mc. Gaffey, o D. E. Kenney aparecen vinculados a la historia de este electrodoméstico o el de Herbert Cecil Bothe, un ingeniero civil que hizo un prototipo tan grande que debía ser aparcado en el exterior de las casas de sus clientes pero que funcionaba bien. Hasta el rey Eduardo VII, al oír hablar del invento de Bothe, quiso ver una demostración. La alfombra de la Abadía de Westminster estaba algo sucia y la única forma de limpiarla parecía ser ese nuevo invento.

 
 
 

Hace 130 años AEG es fundada en Berlín para dar solución a las necesidades del consumidor de su tiempo. En 1907, el arquitecto y diseñador Alemán Peter Behrens creó un concepto filosófico único y revolucionario que ha cambiado nuestros pasos, “Perfekt in Form unk Funktion”. El objetivo de AEG sigue siendo el mismo desde hace 130 años, diseñar y fabricar productos perfectos en forma y funcionamiento.

Con el paso de tantas décadas, AEG no ha dejado de trabajar para mejorar y desarrollar ese concepto en beneficio de los consumidores.

Los consumidores influyen tanto en los diseños como en los productos, y sus deseos se hacen realidad incluso antes de que los ingenieros y desarrolladores se pongan manos a la obra.

Hombres y mujeres de AEG n unca han temido a la vanguardia, abrir camino. Cuando el primer aspirador escoba Vampyr fue lanzado al mercado en 1920 ya se caracterizó por su aspecto totalmente futurista.

En los últimos años se ha apostado por el diseño de modelos cada vez más ligeros y ergonómicos y hasta inalámbricos, como las aspiradoras de mano o de escoba, así como por la sencillez de su uso, con accesorios más fáciles de utilizar y limpiar, y una mayor eficiencia energética y de potencia.

Tanto se ha avanzado que hasta la robótica se ha aliado con la fabricación de este electrodoméstico y ya no hace falta ni estar en casa para que un robot deje la casa libre de suciedad.

Los productos AEG han cambiado y evolucionado con el tiempo, pero hay algo que sigue como siempre: la capacidad de innovación, la incesante búsqueda de productos capaces de mejorar la vida de nuestros clientes, ofreciendo además una calidad excepcional.

AEG hace realidad lo imposible. El diseño es para AEG mucho más que pura estética. La creación y las últimas tecnologías deben complementarse. La forma debe ser útil, y lo práctico debe estar bien diseñado. Sólo entonces lo cotidiano se convierte en algo excepcional. Por eso AEG ofrece productos adaptados a cada necesidad, que incorporan la última tecnología y un diseño cuidado hasta el más mínimo detalle. Son cualidades indispensables para garantizar el máximo rendimiento y una utilización sencilla y efectiva.

Así es como cualquier producto de la marca AEG se convierte en símbolo de exigencia, calidad y elegancia.